jueves, diciembre 26, 2013

Law Space: de Venus al infinito


  
Tenía ganas de leer alguna novela de Enrique Sánchez Pascual (1918-1996) más que nada porque con semejante galáctico sobrenombre, Law Space, todo invitaba a ello. Animado además por el excelente artículo a él dedicado de José Carlos Canalda en su La gran historia de las novelas de a duro, como ya he dicho en más de una ocasión todo un referente para mí en lo que a bolsilibros se refiere, estaba convencido de que me resultaría al menos entretenida la lectura de estas dos novelas que a continuación comento. Ay, vano sueño y amargo despertar: ambas han supuesto una sonora decepción. Pero vayamos por partes y en orden.

Intriga en Venus (1984) es una novela negra disfrazada de relato de ciencia ficción en la que si no fuera porque de vez en cuando se nos recordara que la acción transcurre en la ciudad de Venusville, ni nos enteraríamos de que nos encontramos inmersos en una historia del futuro. Persecuciones en coche, tíos duros en moto, tiroteos a ritmo de ametralladora, familias ricas envueltas en asuntos turbios, inspectores de policía de los de toda la vida, un robo de joyas más habitual aún, cementerios y panteones siniestros imaginamos que por si acaso la novela acababa publicándose en alguna colección de terror cubriendo así todos los flancos… En fin, decepcionante esta obra de Law Space, como he dicho, de trama aburrida y cansino desarrollo. Un lugar común tras otro sin la capacidad de provocar el más mínimo interés, y una falta de sentido del humor y una seriedad tan grandes que solo ayudan a que el sopor aparezca tras cada página cercando nuestra vigilia sin piedad.


Aventureros del infinito (1982) es un evocador título que esconde una novela algo anodina, aunque comparada con la anterior al menos esta no se nos cae de las manos, como suele decirse cuando a uno no se le ocurre una expresión mejor. Que sea una historia de venganza espacial algo rebuscada es un detalle que ayuda poco a que entremos en la trama. Sí que resulta muy interesante la forma en que nos muestra a los humanos del futuro, una civilización que solo busca conquistar el cosmos en pos de uranio y materias primas para abastecerse de energía importándole un soberano pimiento el descubrimiento y conocimiento de culturas alienígenas. De hecho, la que encuentran la esclavizan para beneficio propio. En fin, los humanos tal cual son hoy en día por muchas fiestas navideñas que celebren. Este toque realista y duro con la humanidad presta veracidad a los protagonistas de esta aventura poco aventurera, unos explotadores sin escrúpulos capaces de exterminar una civilización con tal de llenarse los bolsillos. No hay que irse al futuro para ver esto, no hace falta insistir en ello. A mitad del relato los protas cambian en aras de pergeñar la trama de la venganza, y es entonces cuando la novela se desinfla sin remisión. Tampoco es que hubiera llegado muy lejos, pero Law Space hasta ese momento había dado muestras de ser un narrador cuando menos eficaz si bien poco imaginativo. Lástima que todo se derrumbe enseguida. Sin embargo, sus ocasionales correctas maneras invitan a seguir probando suerte con su obra. Es tan extensa que, de seguro, más de una buena encontraremos.


SPACE, Law. Intriga en Venus. Ilustración de portada: Salvador Fabá. Barcelona: Bruguera, 1984. 93 p. Bolsilibros Futuro, Héroes del espacio; 210. ISBN 84-02-09281-0.


SPACE, Law. Aventureros del infinito. Ilustración de portada: Miguel García. Barcelona: Ediciones Ceres, 1982. 93 p. Novelas ECSA, Héroes del espacio; 130. ISBN 84-85626-56-7. 

jueves, diciembre 19, 2013

Miss Marjorie (2013), de Mayte Alvarado



Esta va a ser una carta de amor con todas las de la ley, aviso. Al principio intentaré ponerme así como serio y tal y cual, pero ¡bah!, para qué os voy a engañar. Llevo varios días pensando en cómo enfrentarme al comentario de este libro arrebatador sin que el texto se convierta en una sucesión de adjetivos admirativos tendentes al infinito, pero el infinito me absorbió. No he podido evitarlo. Me he enamorado. Menos mal que los libros no son celosos y permiten que uno sienta amor por muchos, porque si lo fueran estaría perdido.


Miss Marjorie es el tercer libro publicado por El Verano del Cohete, una editorial independiente que este mismo 2103 está a punto de cumplir su primer año de vida. Libros cuidados al detalle y con mimo, convirtiendo el objeto en obra de arte y haciendo de su lectura toda una experiencia sensorial: la vista, el tacto, el olor que desprende la hoja manchada de tinta… ¡Qué pocas cosas se pueden equiparar a este placer! Tras la novela de Rui Díaz ilustrada por Ana Sender Los turistas y el poema de Goethe El Rey de los Elfos interpretado por los dibujos de Borja González, llega el turno de Mayte Alvarado, la tercera componente de esta tríada magnífica que promete más maravillas para el año que viene y esperamos que por muchos lustros más. Mayte ya nos había regalado muestras de su arte en forma de fanzine con Historias mínimas, dos entregas que consistían en breves cuentos narrados a través de dibujos. Ni una palabra, pequeñas películas mudas que ya nos habían impactado por su gran capacidad de lograr trasladar su mundo en imágenes de poderosa belleza y una tremenda capacidad de sugestión. Después vendría Livianas (2012), otra pequeña joya en la cual Mayte experimentaba con la palabra y sus ilustraciones adelantando este Miss Marjorie que, no puedo esperar más a decirlo, me parece su obra más conseguida y perfecta. Uno siempre espera más de aquellos a quienes ama, pero esto no es una obligación para el ser amado. Mayte Alvarado nos ha dado más de lo que esperábamos. Y esperábamos mucho.    


El tono nos sumerge irremisiblemente en una película muda de Fritz Lang, con sus Mabuses locos y sus vampiros asesinos, o de Georg Wilhelm Pabst, con sus destripadores enamorados y sus ninfas con el rostro de Louise Brooks, con sus calles empapadas de lluvia y oscuridad reflejando las sombras de los torturados personajes. Pero también en su frenesí narrativo y en su romanticismo alejado de tópicos. Miss Marjorie es una historia de crimen, un relato negro manchado con la sangre de muchas víctimas, pero también es la historia de un amor que surge de la soledad y la huida y que se desarrolla en el campo de batalla del género fantástico con un resultado soberbio. La fuerza de las ilustraciones casi hacen innecesarios los textos que nos ayudan a avanzar en este relato iluminado por la incontenible belleza de los dibujos de Mayte, que aquí más que nunca transmite delicadeza y horror, poesía y pesadilla con una candidez y un arrobo adorables. ¡Cómo no amarla! Porque esa voz nos narra la historia como si se tratara de un cuento infantil, de cuando estos eran atroces y hermosos. Y a su vez adulta, con el desgarro que los años imponen a nuestra mirada de niño.

Lo leo una y otra vez. No puedo cansarme. Mis ojos se pierden en la mirada de Miss Marjorie y pienso a veces que ojalá yo pudiera llamar a una puerta y conocerla. Quizá no bailaría, soy muy torpe, ni le regalaría flores, soy demasiado arisco, pero sí que velaría su sueño. Cuando ella no pudiera verme, cuando los sentimientos no tuvieran que ser mostrados. Y en mi duermevela soñaría que le leo un cuento, que le susurro al oído una historia de amor y crimen, de personas solitarias que se encuentran y comparten unos instantes de felicidad allí donde los demás solo verían el horror. Creedme: es un libro mágico. No se acaba cuando abandonas sus páginas. Las imágenes que guarda en él tomarán vida en tu interior y te acompañarán cada vez que cierres los ojos. Y no querrás abrirlos nunca más.



ALVARADO, Mayte. Miss Marjorie. Badajoz: El Verano del Cohete, 2013. (64 p.). ISBN 978-84-616-7135-9.    

miércoles, diciembre 11, 2013

Todo el mundo odia a Joseph Berna (menos yo)


No es una afirmación gratuita: el escritor Joseph Berna (José Luis Bernabéu López) quizá sea el autor de bolsilibros menos popular y querido entre los aficionados a los mismos. Tal vez sea debido a que su “estilo” literario sea el más fácil de servir de objeto de burla: frases cortísimas que hacen que sus páginas en ocasiones parezcan la lista de la compra, descripciones de personajes repetitivas, “metáforas” torpes y desacertadas, en ocasiones de manera premeditada, y tramas por lo general apresuradas (más de lo habitual) y desarrolladas sin gancho. Si a esto le sumamos sus constantes narrativas, las cuales consisten básicamente en desnudar cuanto antes a sus protagonistas y meterlos en la cama a refocilarse, da igual si están charlando tranquilamente en una habitación que si están siendo perseguidos por un alienígena de diez brazos ávido de matar, y en comenzar muchas de sus novelas en un club de strip tease, pues como que tampoco ayudan a que se lo valore un poco. Sin embargo, se olvida casi siempre lo divertido que resulta en sus mejores momentos. De manera consciente, por supuesto. Otra cosa es su ingenuidad a la hora de narrar los encuentros sexuales, a los cuales el adjetivo “picantones”, con lo que tiene de malo pero también con lo que implica de sano cachondeo, les viene que ni diseñado para ellos. Todo en plan película clasificada S española de finales de los 70 y primeros 80, eso sí, pues al fin y al cabo esa es la época en la que Berna escribió la mayoría de estas novelas a las que nos referimos.

Su falta de prejuicios y, por qué no, hasta de vergüenza como “autor” tiene a su favor que sus historias, cuando están más o menos logradas, son francamente divertidas y delirantonas, con acertados momentos de tensión (muy contados, vale, ocasionales si queréis) y una rapidez en la acción y sucesión de acontecimientos que no siempre le juegan en contra. Así la interesante y atmosférica, al menos en su primera mitad, Misterio en la estación WZ-2000 (1984). A la larga, confieso que cuanto más obras leo de él más simpático se me antoja y más cariño le tengo. Y eso que resulta difícil, aunque me deba contradecir, cuando uno se enfrenta a cosas como El asesino de Morgan Street (1984), un aburrido desaguisado en el cual dos policías se dedican a desentrañar la identidad del asesino de marras, más preocupados en realidad de cepillarse a las testigos que van surgiendo en la investigación del caso que en cumplir con sus funciones deductivas. Tampoco anima que el asesino aparezca cerca del final compitiendo con otros poco creíbles sospechosos, siendo descubierto por los salaces policías casi por el famoso método del pito pito gorgorito. En fin, no me gusta ni a mí este desangelado y en verdad rutinario hasta la muerte relato.    


Un poco más de interés rezuma El platillo rojo (1984), una en principio inquietante historia ambientada en una base del Polo Norte con unos científicos más preocupados por el zumba zumba que por investigar lo que demonios sea que estén investigando allí. La aparición de un misterioso platillo del color que indica el título que se estrella en las cercanías pone en guardia a los componentes del equipo científico, sin que esto signifique que pierdan un segundo de interés en seguir copulando, así que mientras se desahogan sexualmente unos con otros logran sacar algo de tiempo para acercarse al lugar donde se ha estrellado y curiosear un poco. Tanto ajetreo provoca que anden despistadillos ante los tripulantes de la nave accidentada, unos alienígenas capaces de adoptar la forma física que deseen, en este caso la de los miembros de la base a los cuales van exterminando uno a uno, lo cual dará lugar a buenos momentos de claustrofóbico acoso y también a alguna relación sexual quizá no muy bien vista para quien no guste de esto del amor interespacial. Desde luego no era algo que pudiera frenar a Berna. Aunque no llega a despuntar provocando verdadero interés, sí que esta novela de nuestro apreciado autor se lee con atención.


Mucho más simpática resulta Sirpa, la espía de Zombo (1984), quizá porque desde el principio no oculta su tono de divertimento descacharrante ni la inconsistencia de su trama argumental, con unos malotes que no hacen más que interrumpir justo a cada instante en que nuestros dos protagonistas deciden irse a disfrutar de la vida un rato (en la cama, se entiende, y no durmiendo, se sobreentiende). El jefe de los gángsters que pretenden secuestrar a la despampanante (véase la fantástica ilustración de cubierta obra de Antonio Bernal) Sirpa y su cuadrilla son el gran descubrimiento de esta desinhibida historia. Mantienen entre sí unos diálogos muy divertidos, deudores de la mejor screwball comedy clásica refundida con los no menos clásicos chistes de cachiporrazo, discusiones continuas que el temible Ranko Gurchenko, el multimillonario líder de la banda, adereza con castañazos de tomo y lomo ante el terror de sus subordinados, que no se sabe si le tienen más miedo a él o a la feroz y poderosa Sirpa. Encontramos aquí pues al Berna más efectivo, el que muestra un humor desopilante en cada página, el que no se toma nada en serio ni a sí mismo ni menos aún a lo que escribe. ¡Cuánto ganaríamos muchos escritores y lectores, bueno, todo el planeta, si hiciéramos lo mismo!


Casi otro tanto acontece con El rey de los cerebros (1984), al menos en su primera mitad, cuando este cerebro alienígena súper desarrollado, que vive dentro de una carcasa metálica cual dalek de la vida, se muestra simpático y amigable con los miembros de la tripulación de la nave que lo encuentran en un planeta de hielo y deciden rescatarlo llevándoselo consigo. Lástima que al llegar a la Tierra se transforme en el típico ente alienígena conquistador y el relato pierda todo el interés, porque hasta ese momento, a su peculiar manera, la historia de Berna mostraba unos interesantes apuntes de cómo aceptar y comprender lo diferente, lo extraño, a lo otro ajeno a nosotros como parte de un elemento común en un universo complejo e infinito.


He dejado para el final la que sin dudas me ha parecido la mejor novela de este lote: Un marido del este (se trata de una reedición; fue publicada anteriormente en la colección Bisonte azul de Bruguera con el número 693, no he logrado averiguar en qué año). Se trata de una desternillante comedia de enredo con la lucha de sexos como eje fundamental. Un arruinado ranchero decide casar a su bella hija con un señorito del este para salvar sus posesiones, lo cual será el detonante que dará pie a unos fulgurantes y explosivos enfrentamientos entre la chica y el jovenzuelo demasiado elegante para el duro oeste en cuanto este se presente en el dichoso rancho presto a casarse con ella. En fin, otra fierecilla más por domar que cederá, no sin imponer antes alguna condición,  ante los encantos del caballero del este cuyos buenos modales y educación no impiden que sea capaz de mostrarse, cuando es necesario, como el más rudo de los vaqueros. Sin apenas sexo, solo jugando con la tensión sexual evidente entre los protagonistas, lanzándose de continuo frases ingeniosas el uno al otro en una batalla que ya sabemos cómo terminará casi antes de que pueda empezar, Berna deja claro que cuando su pretensión es divertir y hacer pasar un buen rato entre risas al lector es cuando surgen sus mejores maneras. Qué duda cabe que Un marido del este es tan divertida como, por qué no, olvidable. Pero no otra es su pretensión, y en esta ocasión Berna actúa con nobleza. Y por esto, aunque a veces a mí también me desespere, continuaré leyéndolo.


BERNA, Joseph. El asesino de Morgan Street. Ilustración de portada: Desilo. Barcelona: Bruguera, 1984. 93 p. Bolsilibros Policíaco, Punto rojo; 1150. ISBN 84-02-02520-X.

BERNA, Joseph. El platillo rojo. Ilustración de portada: Luis Almazán. Barcelona: Bruguera, 1984. 95 p. Bolsilibros Futuro, Héroes del espacio; 201. ISBN 84-02-09281-0.

BERNA, Joseph. Sirpa, la espía de Zombo. Ilustración de portada: Antonio Bernal. Barcelona: Bruguera, 1984. 93 p. Bolsilibros Futuro, Héroes del espacio; 228. ISBN 84-02-09281-0.

BERNA, Joseph. El rey de los cerebros. Ilustración de portada: Salvador Fabá. Barcelona: Bruguera, 1984. 93 p. Bolsilibros Futuro, Héroes del espacio; 212. ISBN 84-02-09281-0.

BERNA, Joseph. Un marido del este. Ilustración de portada: Desilo. Barcelona: Ediciones B, 1994. 93 p. Bolsilibros Oeste, Bravo Oeste; 254. ISBN 84-406-4576-7.