viernes, diciembre 25, 2009

Que vienen los indios: FINAL, segunda parte




Y AQUÍ está el último programa (aunque aquel que llegue al final de esta entrada se enterará de algo MUY disparatado), emitido el 3 de octubre del presente año, de Canal Extremadura Radio Que vienen los indios (para bajarlo, pinchad con el botón derecho del ratón sobre el archivo de 101 MB - MPEG2 y seleccionad "guardar como"). Dirigido y presentado por Kanuto, Fermín Solís (autor de comics e ilustrador), Jesús Dorado (guitarrista del grupo Maggot Brain) y yo (la más absoluta nada) le acompañamos en este día de duelo, llanto y dolor. Aunque escuchándolo más asemeja día de farra en un puebluco perdido de la Siberia extremeña. En fin, después de todo Kanuto siempre se planteó así su programa: un grupo de amigos charlando de las cosas que más les gustan en un bar. De ahí su intención de que nunca fuéramos con los temas preparados y pillarnos de sorpresa. Otra cosa ya es que este grupo de amigos den la impresión de ir puestos de Fantas o yo qué sé...




En esta ocasión, la delirante sesión consistió en repasar una lista tras otra: los grandes villanos del cómic fue la primera. Llama la atención saber que para el señor Fermín el malvado Kingpin no es un villano porque... ¡es un mafioso! Que me lo expliquen.





Acto seguido nos lanzamos sin freno a comentar una lista de las mejores series de televisión de la historia y otra de las mejores películas de ciencia ficción (con Tarkovsky reconocido como el titán que es). Un disparate.





No escarmentamos, y seguimos con la de las mejores películas de terror, donde para mi sorpresa y alegría la número uno resulta ser la retorcida y enferma Suspense, quizá la película que más miedo me dé de la historia del cine.



También le damos un repaso a los malos del cine. ¡Sed indulgentes, por favor! Total, ya se ha acabado todo. Y si mis comentarios os parecen tontuelos, pensad que ese idiota de ahí también soy yo, qué remedio, y que estos gamberros me toman bien tomado el pelo que no tengo (ya dije que Max Schreck a mi lado es un bellezón).

El remate es que realizamos en directo versiones estúpidas de canciones bien conocidas, homenaje a Michael Jackson incluido. Entre ellas, una versión del tema de cierre de Bob Esponja que más parece la banda sonora de El tercer hombre si Anton Karas lo hubiera interpretado ciego de vodka.



Jesús se encargó de la guitarra.



Fermín, del ukelele.





Kanuto, del cencerro.



Y yo, bueno, de la armónica. Aunque al final del programa me endosaron el cencerro, por pesao.
¡VERDADERAMENTE INSOPORTABLE!

¡NO TE LO PUEDES PERDER!
En cuanto a mí, ahora colaboro de tertuliano (¿cabe imaginarse algo más deprimente?) en el programa Los dos de la tarde. Por pura amistad con Kanuto, si os soy sincero, y porque después, jeje, nos vamos al bar, qué diantres.
Y nada, cuando ya estaba cantado, nunca mejor dicho, el fin, pues resulta que nos vamos a encargar, en un programa especial de más de dos atorrantes horas, de llevar adelante un especial Que vienen los indios FIN DE AÑO, en el que despediremos éste y DAREMOS LAS CAMPANADAS EN DIRECTO del nuevo. ¿Por qué? Eso yo no lo sé, amigos, pero allí estaremos. Y recordad:
¡QUE VIENEN LOS INDIOS!

ES LO QUE GRITAN

LAS BUENAS GENTES DEL PUEBLO

CUANDO NOS VEN LLEGAR.




jueves, diciembre 24, 2009

Que vienen los indios: FINAL, primera parte


Dejo AQUÍ el penúltimo programa, emitido el 26 de septiembre del presente año, de Canal Extremadura Radio Que vienen los indios (para bajarlo, pinchad con el botón derecho del ratón sobre el archivo de 97 MB - MPEG2 y seleccionad "guardar como"). Dirigido y presentado por Kanuto, Fermín Solís y yo le echamos una mano para clavar los últimos clavos en este bello ataúd. Amargos golpes agravados por estos dos aburridos que confiesan, y se quedan tan tranquilos, que no les gustan esas dos películas maravillosas que son Lo que el viento se llevó y Cantando bajo la lluvia. Se lo perdonamos porque los muy sinvergüenzas admiten que ni las han visto...



Son grandes películas, de las que te ayudan a respirar, de aquellas que cuando todo se tuerce te ofrecen un refugio seguro.





En una delirante hora repasamos las mejores cien películas de la historia del cine según la lista de la IMDb, un empeño imposible, como refleja el singular resultado. Doy mi palabra de que no estábamos bebidos, a pesar de que resulte difícil de creer.


Como siempre, Kanuto nos pilla de sorpresa, y ante su pregunta de cuál es nuestra película favorita de la historia del cine, yo me dejo llevar por el corazón y no la cabeza, que ese día evidentemente se me olvidó en casa, y así respondo lo que respondo.



Explico todos los detalles acerca de la imagen subliminal incluida en la versión moderna de El cabo del miedo. Y no sé por qué no me quitaron la armónica y la tiraron por el retrete.



Las bromas a costa de Vicente Molina Foix vienen a cuento por este desatinado artículo, que podéis leer si os interesa siguiendo el enlace a la página de Pepo Pérez.



Y nada, el final estaba ya a un paso. Se nos va demasiado la pinza en este programa, así que poned en práctica vuestro espíritu navideño y sed indulgentes con nosotros. Si carecéis de este mentado espíritu, hacedlo igualmente, malandrines, que al fin y al cabo ya estábamos sin aire.



miércoles, diciembre 23, 2009

Podcast exTreBeO nº 4



Pues nada, AQUÍ mismo podéis haceros con la cuarta entrega de los podcasts de exTreBeO. Una auténtica lástima el sonido, que hace de su escucha una tarea de titanes. No sé si porque aislamos en exceso el búnker o porque el micrófono compartido se negó a colaborar, pero el caso es que más que hablar de algo que nos apasiona parece que estemos agonizando.







Aunque el hecho de que no se me entienda cuando hablo resta puntos al esfuerzo: no soportar mis tonterías lo hace más llevadero, un runrún de fondo que no pasa de molesto. Desde luego, ya va siendo hora de que me deje de estos inventos y vuelva a mi cueva. ¡A ver quién me mandó salir, demonios!







En fin, un desastre, las nuevas tecnologías no se hicieron para unos tipos que lo primero que hacen al abrir un tebeo es oler sus páginas, el rostro hundido entre sus hojas.





¡Ay! Siempre nos quedarán estos maravillosos comics. Y la confianza en que, si grabamos un quinto, dejemos los trajes de buzo en la puerta...

lunes, diciembre 14, 2009

Que vienen los indios: vampiros



Lanzo AQUÍ el programa de Canal Extremadura Radio Que vienen los indios dedicado a los vampiros (para bajarlo, pinchad con el botón derecho del ratón sobre el archivo de 94 MB - MPEG2 y seleccionad "guardar como"). Dirigido y presentado por Kanuto, contando en esta ocasión conmigo ejerciendo de redivivo a lo Nosferatu. Bueno, confieso que Max Schreck es más guapo que yo, pero la no vida es así, amigos. Se emitió el 12 de septiembre del presente año.

En primer lugar, Kanuto anuncia el fin del programa, la desaparición de Que vienen los indios para siempre. O casi, que alguna sorpresa hay guardada.


Ya en materia, comenzamos hablando de la imprescindible película Nosferatu de Murnau, de la tan maravillosa como siniestra actriz Theda Bara, cometo el crimen de no acordarme de la fascinante Vampyr de Dreyer, aunque sí de un par de películas de Tod Browning fundamentales (Drácula y La marca del vampiro) y del fundacional, que no primero, Drácula de Bram Stoker.



Seguimos adelante con el Drácula de Coppola, para justo después lanzarnos a un enloquecido repaso a las películas de la Hammer de temática vampírica. No entro aquí en detalle, pero sí digo que a día de hoy ya he visto Drácula 73 (y afirmo sin rubor que me gusta, no sé si porque su exceso de jipis se ve compensado porque el bueno de nuestro vampiro favorito se dedica a exterminarlos sin piedad ante mi alegría, y porque el gran Peter Cushing está sencillamente excepcional) y que no consigo acordarme en el momento de Brian Clemens, el director de la para mí maravillosa Capitán Kronos, cazador de vampiros.



Repasamos cuentos y novelas de Ernest Theodor Amadeus Hoffmann, Arthur Conan Doyle, Joseph Sheridan Le Fanu, Stephen King, Richard Matheson, Tanith Lee y John Ajvide Lindqvist.


Faltan cosas, claro que sí, pero tratándose de menos de una hora esto es hasta donde podemos llegar. Y eso que hablo tan rápido que ni me entiendo al escucharme...

jueves, diciembre 10, 2009

Hablando de la muerte con el matrimonio Lockridge

Un tanto a la manera de Nick y Nora Charles, el matrimonio protagonista de El hombre delgado inmortalizados por Dashiell Hammett, y representados de forma magistral por William Powell y Myrna Loy para el cine, el matrimonio Lockridge, Frances (1896-1963) y Richard (1898-1982), dio vida a su pareja de detectives particular: Mr. Y Mrs. North, Pam y Gerald (Jerry) para los amigos, también para los lectores. Si los primeros contaban como comparsa con la simpática presencia del perro Asta, los segundos no son menos y gozan de la compañía de, nada más y nada menos, tres gatos: Martini, Ginebra y Jerez. Todo un acierto los nombres, hay que reconocerlo. Lástima que no pasen de ser un mero adorno, pues la verdad es que si no aparecieran nada se notaría, al menos en las dos novelas que he leído protagonizadas por sus amos y que son las que aquí voy a comentar.

La muerte cita al bufón (1953) ha sido mi toma de contacto con ellos, y debo decir que el encuentro ha resultado un tanto gélido. El matrimonio North es de un soso que tira de espaldas. El pobre Jerry, de hecho, no pasa de ser un mero monigote que parece estar ahí para que la metomentodo de Pam no aparezca como una solterona aburrida. Tal y como está, no deja de ser una casada aburrida, vale, que es lo mismo, pero es que los buenos de los Lockridge, pese a algún apunte entretenido que nos los muestra en la intimidad, son incapaces de darles la más mínima apariencia de vida más allá de servir de resorte para iniciar la trama de misterio y hacerla avanzar como pueden. El protagonismo real pasa así a los que se supone son los comparsas habituales de la función, el Capitán de la policía William (Bill) Weigand y su ayudante el Sargento Aloysius Mullins. Según Pam, policías de los que no dan palizas. Ya lo dije: algún apunte gracioso no deja de tener la novela.

Con la pareja de policías la cosa discurre con más interés, aunque tampoco son personajes bien dibujados. Todos mantienen un perfil casi inexistente, dejando a la trama toda la posible fuerza de la historia, y en este caso ni la trama interesa demasiado. Porque es que ni los malos, ni los sospechosos ni los que por casualidad asoman por allí terminan de tener interés ni, lo dicho, personalidad. El bufón del título no deja de resultar un tipo curioso, pero por lo que hace. Uno no llega a conocerlo de verdad, a saber qué demonios pasa realmente por su histriónica cabeza. Ni por la suya ni por la del resto de los personajes. O eso, o es que por sus cabezas pasan muy pocas cosas. En fin, un espectáculo de marionetas pero sin su gracia.

Sí debemos reconocer el oficio a los Lockridge, que a pesar de no levantar el vuelo en casi ningún momento, tampoco dejan que la historia se nos muera en las manos, y eso que hasta yo adivino el pastel antes del final, con lo obtuso que soy para estos misterios: me lo creo todo, así que se me engaña a poco que uno se lo proponga.

Lo más chocante no es que la acción se desarrolle en un limitado espacio de tiempo, sino que los Lockridge dedican cada capítulo a un número determinado de horas, siendo lo mejor los títulos o epígrafes con que dan comienzo cada uno de ellos: “Miércoles, 1 de abril, de las 8.45 a las 11.46 de la noche” o “Jueves, de las 3.55 a las 5.15 de la tarde”. Y hay que reconocerles que saben encajar perfectamente a sus personajes en las horas establecidas sin que uno piense nunca en cuándo duermen, descansan o comen, defecto habitual cuando se plantean tramas que utilizan este recurso.

Así, pese a haberme resultado algo fría su lectura, reconozco que se llega al final sin demasiado sufrimiento. Se lee tan rápido como se olvida, lo cual borra lo malo y logra que el sentimiento de haber estado entretenido un par de horas persista sobre lo negativo.

Por eso me lancé a leer la siguiente novela de la extensa serie del matrimonio North: La muerte habla en voz baja, publicada originalmente el mismo año de 1953.

Y me alegro de haber sido un cabezota y no haberme rendido a la primera, porque en esta ocasión la trama que presentan Frances y Richard Lockridge es mucho más interesante. La pobre Pam lo pasa fatal y no pinta mal como heroína de acción, el bueno de Jerry, pese a seguir siendo poco menos que un espantapájaros, al menos se conmueve algo, y los policías Weigand y Mullins dan el color necesario. También porque el grupo de sospechosos habitual, sin ser nada excepcional, sí que tienen un poquito más de interés: un puñado de poetas, escritores y artistas de lo más repelente. Bueno, no sé si es así exactamente como querían pintarlos los autores, pero no parecen otra cosa. Cenas en el Algonquin, reuniones literarias, humos de artista, aires de poeta… En fin, cosas todas que resultan muy divertidas cuando en el fondo todos ellos tienen la mente al nivel del basural más miserable. Y aunque la profundidad psicológica brilla por su ausencia, cuando aun nos conformaríamos con que ni fuera profunda, al mostrarnos una trama con más emoción y desde luego muy bien medida en su desarrollo (aquí, los capítulos con el día y las horas resultan indicativos angustiosos pues realmente asemejan una cuenta atrás camino a la muerte), esta novela de los Lockridge nos lleva a tenerlos en mejor consideración.

No es que uno vaya a comprarles una tarta y festejarlo, pero al menos no queda el deseo de estampársela en la cara.

LOCKRIDGE, Frances y Richard. La muerte cita al bufón. Traducción de Anna Muria. México, D. F.: Editorial Cumbre, 1956. 150 p. Laberinto.

LOCKRIDGE, Frances y Richard. La muerte habla en voz baja. Traducción de Luisa Mª Álvarez. México, D. F.: Editorial Cumbre, 1955. 181 p. Laberinto.

lunes, noviembre 23, 2009

La bestia debe morir, de Nicholas Blake (1938)

Nicholas Blake (1904-1972) es el seudónimo bajo el cual el poeta Cecil Day-Lewis publicaba sus novelas policiacas. Nigel Strangeways fue el detective que creó para protagonizar casi todas ellas. La bestia debe morir es la más conocida, y con razón. Un escupitajo en la cara del lector más descuidado, esta novela es el perfecto ejemplo para que aquellos que piensan que la novela negra es la dura y la detectivesca la burguesa deban ir rápidamente a que se lo hagan mirar.

En su primer tramo, la novela toma la forma de diario. Un relato convulso, enfermo, venenoso. El hijo pequeño de Frank Cairnes es atropellado y el coche se da a la fuga. En su atormentado diario, el bueno de Frank comenzará a escupir su dolor y su veneno hacia el asesino, mostrando una enfermiza obsesión por asesinar a la bestia que mató al niño, convirtiendo este deseo de matarlo en el eje de su existencia. La ira, el tono desesperado del narrador, su odio, se dejan sentir en cada frase. Todo es hiriente. El sufrimiento que siente nos llega a través de sus retorcidas y malvadas opiniones, de sus comentarios dañinos fruto de la desesperación de aquel a quien le ha sido arrebatado lo único que llenaba su vida, de aquello que daba sentido a su existencia. Pero siempre resultan ingeniosos, tocados por la clarividencia de quien habla sabiendo que ya nada importa.

El protagonista, el mencionado Frank Cairnes, es escritor de novelas policiacas que firma con el seudónimo de Felix Lane. De continuo lanza bromas en el texto, su diario, sobre las frases o convenciones que se usan en tales novelas y que él no puede evitar utilizar. Esto añade, más si cabe, fuerza a la narración. Un solo paso de la ironía al sarcasmo, y lo da con frecuencia. Para deleite del lector, claro: el sarcasmo inteligente no tiene nada que envidiar a la ironía brillante.

Como he comentado, en su primera parte la novela desgrana el atormentado diario de Frank Cairnes, apabullante y demoledor en su mala baba. Tras esta tremenda entrada, sigue un paseo en barco por un río que ahoga el aliento. La narración abandona ya la primera persona para instalarse, desde aquí hasta el final, en la tercera. Y tras cortarnos la respiración, Nicholas Blake nos da un respiro presentándonos, hacia la mitad del libro, a su detective Nigel Strangeways y a su esposa Georgia en una deliciosa escena costumbrista. Breve, pues enseguida Nigel es reclamado para resolver un nuevo caso: aquél que afecta de manera directa a nuestro enloquecido por el dolor señor Cairnes. El enredo es mayúsculo, y el autor nos ha llevado hasta aquí de un soplo de forma magistral.

A partir de entonces la novela se convierte, eso sí, en un relato más o menos normal dentro de lo que es el género detectivesco: los sospechosos habituales encerrados en una casa y todos ellos con sus buenas razones para deshacerse de la maldita bestia ahora cadáver. Eso sí, su desarrollo descreído y su final amargo lo alejan de lo convencional.

Toda su primera parte resulta pues brutal y despiadada, negrísima. Cuando termina, comenzamos a navegar por aguas más seguras, reconocibles. Pero conservando aún en el rostro el espanto por el que acabamos de pasar, la tormenta infernal por la que Blake nos ha hecho zozobrar de continuo.

Excelente novela del papá de Daniel Day-Lewis, el famoso actor. Yo prefiero, de largo, al padre, claro.

BLAKE, Nicholas. La bestia debe morir. Traducción de J. R. Wilcock. Madrid: El País, 2004. 222 p. Serie negra; 31. ISBN 84-96246-92-2.

viernes, noviembre 13, 2009

Harry Stephen Keeler adaptado al cómic

Bueno, pues eso mismo es lo que hemos hecho mi buen amigo Fermín Solís y yo con una de las más conocidas, si es que tal término se le puede aplicar hoy día, historias de nuestro admirado y genial escritor de novelas de enrevesada intriga Harry Stephen Keeler. Se trata de La extraña historia del dólar de John Jones, asombroso relato incluido en su novela La cara del hombre de Saturno.

Si bien no hemos sido rigurosos con la letra, sí hemos intentado serlo con el espíritu de Keeler. Así, estamos convencidos de que los amantes de la obra de este autor único sabrán perdonarnos los cambios teniendo en cuenta que el resultado respira como un Keeler puro. Eso esperamos, al menos.

Podéis leer esta historieta en el número 14 de la revista Barsowia. Si sabéis gallego, claro, jeje.

miércoles, noviembre 11, 2009

Que vienen los indios: niños malos



Lanzo AQUÍ el programa de Canal Extremadura Radio Que vienen los indios dedicado a los niños malos (para bajarlo, pinchad con el botón derecho del ratón sobre el archivo de 92 MB - MPEG2 y seleccionar "guardar como"). Dirigido y presentado por Kanuto (SpaceRockHeaters, avuelapluma, Mensajes para la humanidad) y contando en esta ocasión con Verónica Guillén y conmigo ejerciendo de pequeños perversos. Se emitió el 8 de agosto del presente año.

Porque de eso hablamos, de cómo el cine nos muestra en sus mejores ocasiones malvados infantes, despiadados críos, diabólicos niñatos. Recordad: de ellos es el futuro.

Abrimos fuego con la excepcional Mala semilla. A continuación, no hago más que abrir la boca y provoco que toda la vergüenza y todo el oprobio del mundo caigan sobre mí con razón. ¡Ay! Así, evidentemente, cuando me refiero a una novela de John Wyndham que es un claro precedente a la de José Saramago Ensayo sobre la ceguera, no se trata de Los cuclillos de Midwich, base de El pueblo de los malditos, sino de El día de los trífidos. ¡Reay! Menos mal que Kanuto salva el día...


Y bueno, ya sabéis: un montón de películas con niños malévolos de protagonistas, un aparte dedicado a algunas buenas series de dibujos animados (Las Supernenas, Las macabras aventuras de Bill y Mandy y Agallas, el perro cobarde) y un final de traca dedicado a todos esos actores juveniles que han terminado, ejem, en el cine porno.


En fin, espero que vuestra magnanimidad sepa disculpar mi disparatado dislate. La verdad es que me paso todo el programa como despistado, como si no estuviera allí. O bien que en realidad no soy un niño malo, sino más bueno que el pan y no estoy capacitado para hablar del mal. Será esto último, jeje.



miércoles, octubre 21, 2009

Los hombres topo quieren tus ojos y otros relatos sangrientos de la Era Dorada del Pulp (1933-1940)

Divertida y descaradamente locuela recopilación de relatos orquestada por Jesús Palacios, que se abre con una obertura explicativa tan fascinante como esclarecedora sobre las publicaciones pulp norteamericanas de las décadas 30 y 40 del siglo XX dedicadas al terror. Orígenes, desarrollo, edad dorada y muerte. Y su influencia posterior, desde luego.

Relatos de horror gráfico y directo, físico, con sus gotas de erotismo, en ocasiones algo naif visto a ojos de hoy, pero en otras verdaderamente guarrete. Y pese a entroncarse en temas fantásticos, siempre o casi siempre con su explicación racional final, no vaya a ser que el lector se altere demasiado. De ahí que Jesús Palacios encuentre un nexo fuerte con la literatura gótica más clásica y tradicional, el grueso de la misma básicamente con las mismas propuestas e idénticos niveles de calidad literaria. Y con igual reacción tanto de placer morboso por parte del público como de rechazo por parte de la crítica. Y sí, el relato gótico dio a la historia obras asombrosas de autores que amamos (Ann Radcliffe, Charles Robert Maturin, Horace Walpole, Matthew G. Lewis). Pero es que lo mismo sucede con la literatura pulp (H. P. Lovecraft, William Hope Hodgson, Seabury Quinn, Henry S. Whitehead). Y en ambos casos bien sabéis que cuesta trabajo limitar la lista a cuatro nombres…

Estos relatos se denominaron Shudder Pulps (pulps escalofriantes), y al género en sí Weird Menace (amenaza extraña), como nos explica Palacios. Revistas como Dime Mystery Magazine, Terror Tales, Horror Stories, Sinister Stories, Thrilling Mystery o la propia Weird Tales en ocasiones son algunas de las muchas que invadieron el mercado con estas historias entre macabras y excitantes. O excitantes por macabras, vete a saber. Pero lo mejor para conocer con detalle esta isla ignota perdida en el mapamundi de las letras es leerse de un tirón este estupendo prólogo de Palacios que nos aclara, explica y enseña todo acerca de este extraño momento de la historia de la literatura, el aperitivo perfecto para lanzarse a leer los trece relatos antologados teniendo bien clarito donde se mete uno. En fin, un prólogo que es una clase maestra y que cumple lo que yo creo que todo buen prólogo debe cumplir: iluminarnos y ayudarnos a comprender lo que vamos a leer. Y abriendo la puerta para que conozcamos a ilustradores tan maravillosos como John Newton Howitt y Norman Saunders.

Como complemento, recomiendo con fervor la lectura de Páginas negras. Film noir y literatura: el punto de vista pulp, también de Jesús Palacios, un ensayo incluido en el libro Gun Crazy: serie negra se escribe con B y al que el propio autor se refiere en el prólogo del libro que estamos comentando. En éste otro, Palacios hace lo propio con los pulps dedicados al género policíaco rompiendo un buen puñado de tópicos al respecto. Y con otro magnífico montón de ilustradores por descubrir, al menos para quien esto escribe (Rafael de Soto, George Rozen o John Drew, como ejemplo y sólo por citar algunos).

El volumen se abre con el relato perfecto para ilustrar el género. Y perfecto para contar a mis seis sobrinos, como así hice en una de las sesiones nocturnas que les dedico a contarles cuentos de miedo. Se corta un poquito por aquí y se delira un tanto por allá, y voilá: noche de terror asegurada para ellos. Y es que Los hombres topo quieren tus ojos, de Frederick C. Davis, es lo que ofrece: horror a espuertas sin demasiadas complicaciones. Algo parecido sucede con otros de esta antología: El barco del demonio dorado, de Lazar Levi, de los más tontuelos y prescindibles del volumen; Terror en el rancho de vacaciones, de Richard Tooker, en el cual una secta satánica y sus diabólicos ritos son el eje central, con un resultado tan malo como disfrutable; Locura rubia, de Arthur Humbolt; La cosa que cenaba muerte, de John M. Knox, un poquito más gore; Sangre para el vampiro muerto, de Robert Leslie Bellem; Tigresa, de David H. Keller, que leí hace muy poco en la antología Weird Tales (1933-1942) y que aguanta bien la relectura; y Cuando la bestia negra se sació, de Hal K. Wells. Todos ellos con títulos maravillosos que sugieren siempre bastante más de lo que terminan por ofrecer.

Pero hay otros relatos que, en mi opinión, sí sacian de verdad nuestra hambre de horror.

Así, El señor de los muertos, de Robert E. Howard, con la dosis habitual de testosterona a la que Howard nos tiene acostumbrados. Mamporros a mansalva en un relato que no es lo mejor de su autor, pero que pese a esto, pues ya sabéis: cuando los protagonistas se lían a golpes, los puñetazos parecen salir del libro para estamparse en la jeta del lector.

Tumbas para los vivos, de William Irish, seudónimo del magistral Cornell Woolrich, es un relato que ya había leído y es el primero de los tres que de verdad me han gustado de esta antología. En la línea angustiosa y desesperada de sus mejores cuentos, oscurecido aún más por la poetiana situación que plantea. Otra secta lo protagoniza, pero ésta parece más bien formada por ejecutivos de un banco que por adoradores del Mal. Y dan más miedo.

La profecía, de Hugh B. Cave, es el favorito de Jesús Palacios de los incluidos en esta antología. Y el mío también. Cave nos sumerge con mano firme hasta ahogarnos en una extraña ceremonia sobrenatural en la cual la sensación de realismo, de verosimilitud, es brutal. Fatalista y oscuro, no cumple con todos los tópicos del género. Y es la prueba mágica de que hasta en el subgénero más desprestigiado pueden surgir relatos magníficos. La joya del volumen, no se puede dudar.

Momias a la carta, de E. Hoffmann Price, supera la media aunque sin brillar en exceso. Amiguete de Lovecraft y Howard, fue la versión extrovertida y aventurera de estos misántropos solitarios. Ni momias ni nada parecido, claro, pero entretenido.

Y para el final Palacios ha dejado el relato que da en su totalidad lo que desde un principio se nos ha prometido pero nunca llega a cumplirse del todo: horror a lo bestia. Y es que Novias frescas para la hija del diablo, de Bruno Fisher, seudónimo de Russell Gray, es el más morboso, gore, salvaje y desaforado cuento de la antología. Y el tercero de los tres que de verdad me han gustado por encima de los demás. Hay momentos en que en él todo es tan exagerado que hay que hacer algún esfuerzo por reprimir la sonrisa y olvidarse de la lógica realista. Esto es pura carnaza para degustadores de lo macabro. Y da, como he dicho, lo que promete. En toda la boca. Vamos, que no entiendo cómo James Herbert no ha dado su versión contemporánea del tema central de este relato: la caza humana. Bueno, igual lo ha hecho y lo desconozco, porque en su línea está. En fin, el relato más bruto del lote goza de nuestra total simpatía, y supone el toque maestro para terminar el libro con una sonrisa de satisfacción en los labios. Esa sonrisa que por nada del mundo querríamos que nos descubriera nuestra madre.

LOS HOMBRES topo quieren tus ojos y otros relatos sangrientos de la Era Dorada del Pulp. Edición de Jesús Palacios; traducción de Marta Lila Murillo. Madrid: Valdemar, 2009. 558 p. Gótica; 74. ISBN 978-84-7702-649-5.