viernes, diciembre 25, 2009

Que vienen los indios: FINAL, segunda parte




Y AQUÍ está el último programa (aunque aquel que llegue al final de esta entrada se enterará de algo MUY disparatado), emitido el 3 de octubre del presente año, de Canal Extremadura Radio Que vienen los indios (para bajarlo, pinchad con el botón derecho del ratón sobre el archivo de 101 MB - MPEG2 y seleccionad "guardar como"). Dirigido y presentado por Kanuto, Fermín Solís (autor de comics e ilustrador), Jesús Dorado (guitarrista del grupo Maggot Brain) y yo (la más absoluta nada) le acompañamos en este día de duelo, llanto y dolor. Aunque escuchándolo más asemeja día de farra en un puebluco perdido de la Siberia extremeña. En fin, después de todo Kanuto siempre se planteó así su programa: un grupo de amigos charlando de las cosas que más les gustan en un bar. De ahí su intención de que nunca fuéramos con los temas preparados y pillarnos de sorpresa. Otra cosa ya es que este grupo de amigos den la impresión de ir puestos de Fantas o yo qué sé...




En esta ocasión, la delirante sesión consistió en repasar una lista tras otra: los grandes villanos del cómic fue la primera. Llama la atención saber que para el señor Fermín el malvado Kingpin no es un villano porque... ¡es un mafioso! Que me lo expliquen.





Acto seguido nos lanzamos sin freno a comentar una lista de las mejores series de televisión de la historia y otra de las mejores películas de ciencia ficción (con Tarkovsky reconocido como el titán que es). Un disparate.





No escarmentamos, y seguimos con la de las mejores películas de terror, donde para mi sorpresa y alegría la número uno resulta ser la retorcida y enferma Suspense, quizá la película que más miedo me dé de la historia del cine.



También le damos un repaso a los malos del cine. ¡Sed indulgentes, por favor! Total, ya se ha acabado todo. Y si mis comentarios os parecen tontuelos, pensad que ese idiota de ahí también soy yo, qué remedio, y que estos gamberros me toman bien tomado el pelo que no tengo (ya dije que Max Schreck a mi lado es un bellezón).

El remate es que realizamos en directo versiones estúpidas de canciones bien conocidas, homenaje a Michael Jackson incluido. Entre ellas, una versión del tema de cierre de Bob Esponja que más parece la banda sonora de El tercer hombre si Anton Karas lo hubiera interpretado ciego de vodka.



Jesús se encargó de la guitarra.



Fermín, del ukelele.





Kanuto, del cencerro.



Y yo, bueno, de la armónica. Aunque al final del programa me endosaron el cencerro, por pesao.
¡VERDADERAMENTE INSOPORTABLE!

¡NO TE LO PUEDES PERDER!
En cuanto a mí, ahora colaboro de tertuliano (¿cabe imaginarse algo más deprimente?) en el programa Los dos de la tarde. Por pura amistad con Kanuto, si os soy sincero, y porque después, jeje, nos vamos al bar, qué diantres.
Y nada, cuando ya estaba cantado, nunca mejor dicho, el fin, pues resulta que nos vamos a encargar, en un programa especial de más de dos atorrantes horas, de llevar adelante un especial Que vienen los indios FIN DE AÑO, en el que despediremos éste y DAREMOS LAS CAMPANADAS EN DIRECTO del nuevo. ¿Por qué? Eso yo no lo sé, amigos, pero allí estaremos. Y recordad:
¡QUE VIENEN LOS INDIOS!

ES LO QUE GRITAN

LAS BUENAS GENTES DEL PUEBLO

CUANDO NOS VEN LLEGAR.




jueves, diciembre 24, 2009

Que vienen los indios: FINAL, primera parte


Dejo AQUÍ el penúltimo programa, emitido el 26 de septiembre del presente año, de Canal Extremadura Radio Que vienen los indios (para bajarlo, pinchad con el botón derecho del ratón sobre el archivo de 97 MB - MPEG2 y seleccionad "guardar como"). Dirigido y presentado por Kanuto, Fermín Solís y yo le echamos una mano para clavar los últimos clavos en este bello ataúd. Amargos golpes agravados por estos dos aburridos que confiesan, y se quedan tan tranquilos, que no les gustan esas dos películas maravillosas que son Lo que el viento se llevó y Cantando bajo la lluvia. Se lo perdonamos porque los muy sinvergüenzas admiten que ni las han visto...



Son grandes películas, de las que te ayudan a respirar, de aquellas que cuando todo se tuerce te ofrecen un refugio seguro.





En una delirante hora repasamos las mejores cien películas de la historia del cine según la lista de la IMDb, un empeño imposible, como refleja el singular resultado. Doy mi palabra de que no estábamos bebidos, a pesar de que resulte difícil de creer.


Como siempre, Kanuto nos pilla de sorpresa, y ante su pregunta de cuál es nuestra película favorita de la historia del cine, yo me dejo llevar por el corazón y no la cabeza, que ese día evidentemente se me olvidó en casa, y así respondo lo que respondo.



Explico todos los detalles acerca de la imagen subliminal incluida en la versión moderna de El cabo del miedo. Y no sé por qué no me quitaron la armónica y la tiraron por el retrete.



Las bromas a costa de Vicente Molina Foix vienen a cuento por este desatinado artículo, que podéis leer si os interesa siguiendo el enlace a la página de Pepo Pérez.



Y nada, el final estaba ya a un paso. Se nos va demasiado la pinza en este programa, así que poned en práctica vuestro espíritu navideño y sed indulgentes con nosotros. Si carecéis de este mentado espíritu, hacedlo igualmente, malandrines, que al fin y al cabo ya estábamos sin aire.



lunes, diciembre 14, 2009

Que vienen los indios: vampiros



Lanzo AQUÍ el programa de Canal Extremadura Radio Que vienen los indios dedicado a los vampiros (para bajarlo, pinchad con el botón derecho del ratón sobre el archivo de 94 MB - MPEG2 y seleccionad "guardar como"). Dirigido y presentado por Kanuto, contando en esta ocasión conmigo ejerciendo de redivivo a lo Nosferatu. Bueno, confieso que Max Schreck es más guapo que yo, pero la no vida es así, amigos. Se emitió el 12 de septiembre del presente año.

En primer lugar, Kanuto anuncia el fin del programa, la desaparición de Que vienen los indios para siempre. O casi, que alguna sorpresa hay guardada.


Ya en materia, comenzamos hablando de la imprescindible película Nosferatu de Murnau, de la tan maravillosa como siniestra actriz Theda Bara, cometo el crimen de no acordarme de la fascinante Vampyr de Dreyer, aunque sí de un par de películas de Tod Browning fundamentales (Drácula y La marca del vampiro) y del fundacional, que no primero, Drácula de Bram Stoker.



Seguimos adelante con el Drácula de Coppola, para justo después lanzarnos a un enloquecido repaso a las películas de la Hammer de temática vampírica. No entro aquí en detalle, pero sí digo que a día de hoy ya he visto Drácula 73 (y afirmo sin rubor que me gusta, no sé si porque su exceso de jipis se ve compensado porque el bueno de nuestro vampiro favorito se dedica a exterminarlos sin piedad ante mi alegría, y porque el gran Peter Cushing está sencillamente excepcional) y que no consigo acordarme en el momento de Brian Clemens, el director de la para mí maravillosa Capitán Kronos, cazador de vampiros.



Repasamos cuentos y novelas de Ernest Theodor Amadeus Hoffmann, Arthur Conan Doyle, Joseph Sheridan Le Fanu, Stephen King, Richard Matheson, Tanith Lee y John Ajvide Lindqvist.


Faltan cosas, claro que sí, pero tratándose de menos de una hora esto es hasta donde podemos llegar. Y eso que hablo tan rápido que ni me entiendo al escucharme...

jueves, diciembre 10, 2009

Hablando de la muerte con el matrimonio Lockridge

Un tanto a la manera de Nick y Nora Charles, el matrimonio protagonista de El hombre delgado inmortalizados por Dashiell Hammett, y representados de forma magistral por William Powell y Myrna Loy para el cine, el matrimonio Lockridge, Frances (1896-1963) y Richard (1898-1982), dio vida a su pareja de detectives particular: Mr. Y Mrs. North, Pam y Gerald (Jerry) para los amigos, también para los lectores. Si los primeros contaban como comparsa con la simpática presencia del perro Asta, los segundos no son menos y gozan de la compañía de, nada más y nada menos, tres gatos: Martini, Ginebra y Jerez. Todo un acierto los nombres, hay que reconocerlo. Lástima que no pasen de ser un mero adorno, pues la verdad es que si no aparecieran nada se notaría, al menos en las dos novelas que he leído protagonizadas por sus amos y que son las que aquí voy a comentar.

La muerte cita al bufón (1953) ha sido mi toma de contacto con ellos, y debo decir que el encuentro ha resultado un tanto gélido. El matrimonio North es de un soso que tira de espaldas. El pobre Jerry, de hecho, no pasa de ser un mero monigote que parece estar ahí para que la metomentodo de Pam no aparezca como una solterona aburrida. Tal y como está, no deja de ser una casada aburrida, vale, que es lo mismo, pero es que los buenos de los Lockridge, pese a algún apunte entretenido que nos los muestra en la intimidad, son incapaces de darles la más mínima apariencia de vida más allá de servir de resorte para iniciar la trama de misterio y hacerla avanzar como pueden. El protagonismo real pasa así a los que se supone son los comparsas habituales de la función, el Capitán de la policía William (Bill) Weigand y su ayudante el Sargento Aloysius Mullins. Según Pam, policías de los que no dan palizas. Ya lo dije: algún apunte gracioso no deja de tener la novela.

Con la pareja de policías la cosa discurre con más interés, aunque tampoco son personajes bien dibujados. Todos mantienen un perfil casi inexistente, dejando a la trama toda la posible fuerza de la historia, y en este caso ni la trama interesa demasiado. Porque es que ni los malos, ni los sospechosos ni los que por casualidad asoman por allí terminan de tener interés ni, lo dicho, personalidad. El bufón del título no deja de resultar un tipo curioso, pero por lo que hace. Uno no llega a conocerlo de verdad, a saber qué demonios pasa realmente por su histriónica cabeza. Ni por la suya ni por la del resto de los personajes. O eso, o es que por sus cabezas pasan muy pocas cosas. En fin, un espectáculo de marionetas pero sin su gracia.

Sí debemos reconocer el oficio a los Lockridge, que a pesar de no levantar el vuelo en casi ningún momento, tampoco dejan que la historia se nos muera en las manos, y eso que hasta yo adivino el pastel antes del final, con lo obtuso que soy para estos misterios: me lo creo todo, así que se me engaña a poco que uno se lo proponga.

Lo más chocante no es que la acción se desarrolle en un limitado espacio de tiempo, sino que los Lockridge dedican cada capítulo a un número determinado de horas, siendo lo mejor los títulos o epígrafes con que dan comienzo cada uno de ellos: “Miércoles, 1 de abril, de las 8.45 a las 11.46 de la noche” o “Jueves, de las 3.55 a las 5.15 de la tarde”. Y hay que reconocerles que saben encajar perfectamente a sus personajes en las horas establecidas sin que uno piense nunca en cuándo duermen, descansan o comen, defecto habitual cuando se plantean tramas que utilizan este recurso.

Así, pese a haberme resultado algo fría su lectura, reconozco que se llega al final sin demasiado sufrimiento. Se lee tan rápido como se olvida, lo cual borra lo malo y logra que el sentimiento de haber estado entretenido un par de horas persista sobre lo negativo.

Por eso me lancé a leer la siguiente novela de la extensa serie del matrimonio North: La muerte habla en voz baja, publicada originalmente el mismo año de 1953.

Y me alegro de haber sido un cabezota y no haberme rendido a la primera, porque en esta ocasión la trama que presentan Frances y Richard Lockridge es mucho más interesante. La pobre Pam lo pasa fatal y no pinta mal como heroína de acción, el bueno de Jerry, pese a seguir siendo poco menos que un espantapájaros, al menos se conmueve algo, y los policías Weigand y Mullins dan el color necesario. También porque el grupo de sospechosos habitual, sin ser nada excepcional, sí que tienen un poquito más de interés: un puñado de poetas, escritores y artistas de lo más repelente. Bueno, no sé si es así exactamente como querían pintarlos los autores, pero no parecen otra cosa. Cenas en el Algonquin, reuniones literarias, humos de artista, aires de poeta… En fin, cosas todas que resultan muy divertidas cuando en el fondo todos ellos tienen la mente al nivel del basural más miserable. Y aunque la profundidad psicológica brilla por su ausencia, cuando aun nos conformaríamos con que ni fuera profunda, al mostrarnos una trama con más emoción y desde luego muy bien medida en su desarrollo (aquí, los capítulos con el día y las horas resultan indicativos angustiosos pues realmente asemejan una cuenta atrás camino a la muerte), esta novela de los Lockridge nos lleva a tenerlos en mejor consideración.

No es que uno vaya a comprarles una tarta y festejarlo, pero al menos no queda el deseo de estampársela en la cara.

LOCKRIDGE, Frances y Richard. La muerte cita al bufón. Traducción de Anna Muria. México, D. F.: Editorial Cumbre, 1956. 150 p. Laberinto.

LOCKRIDGE, Frances y Richard. La muerte habla en voz baja. Traducción de Luisa Mª Álvarez. México, D. F.: Editorial Cumbre, 1955. 181 p. Laberinto.